La expresión circuló de boca en boca desde Iquique: “¡Guaripola de la unidad!”, pero referida
al MAS. Así calificó a su partido en una reunión, me dijeron, un entusiasta militante del
desierto nortino. Recordé mi niñez, y los desfiles en torno a la plaza de ese Temuco primaveral
con el verde Ñielol de fondo. Y ese guaripola que marchaba al frente haciendo piruetas con la
ídem a los sones vibrantes de tambores, clarines y trompetas. Y el guatón del bombo. Y el flaco
de los platillos. El ruido de las botas sobre el pavimento: trash-chat, trash-chat, trash-chat.
Imaginaba que mis soldaditos de plomo habían cobrado vida. En septiembre de 1973, en
similar situación, Andrea, de diez años, los insultaba gritando “¡Devuélvanme a mi papá!”. Y
cuando el capitán de guardia me quitó la venda... ¡Pero, no! Esa es otra historia. Retornemos al
hilo de la columna.
Ante el descalabro y despelote en Politilandia, y la desconfianza de la gran mayoría popular
que está al margen de esa elite, el periodista y actual senador independiente Alejandro
Guillier, apoyado por el PR, el MAS y la IC, entre otros sectores de izquierda, podría convertirse
en el “guaripola de la unidad” de un amplio espectro de partidos y movimientos sociales. Pero
sin firmarle un cheque en blanco. Se requiere de un programa que reúna al menos las
siguientes condiciones de orden general: Desde abajo, prospectivo y factible.
“Desde abajo”: que responda a las necesidades más sentidas de la población, considerando
tales (dado el escaso tiempo que resta) aquellas que predominan en las encuestas. Las
soluciones posibles serían construidas por su equipo asesor mediante una previa consulta a
expertos en esas materias específicas. Luego, las soluciones se someterían a aprobación
popular, usando como canales las redes de los concejales que está apoyando, además de
aquellas de los partidos y movimientos sociales que se sumen. Para el caso de desacuerdo con
alguna solución, debería haber una opción “otra” (y espacio para describirla).
“Prospectivo”, es decir, enmarcado en las condiciones objetivas que impone el Futuro. Entre
las principales: conservación y recuperación del medioambiente; aumento de la probabilidad
de vida y disminución de la mortalidad; masificación y globalización de las TIC y la cultura;
persistencia del sistema capitalista —y sus variantes— en grado de mundialización; riesgo de
expansiones fundamentalistas y totalitarias de cualquier signo. Así, las necesidades más
sentidas de la población —y las soluciones aprobadas (más las sugeridas en el ítem “otras” en
caso de ser mayoritarias)—, se insertarían en una estrategia de largo plazo dirigida a un futuro
posible preconcebido. Éste debiera consistir en una sociedad con un sistema económico que
impulse el crecimiento sustentable y que, al mismo tiempo, garantice la distribución de los
bienes de consumo según la fuerza de trabajo (física o intelectual) aportada en el proceso
productivo y según criterios de protección social para menores, ancianos, enfermos y personas
con discapacidad. Es decir, la alimentación, vivienda, vestuario, salud, educación, bienes
culturales y recreación, debieran estar garantizados para todos con un standard generalizado
de alta calidad. Columna vertebral de la estrategia para conseguir ese futuro, el respeto
absoluto a los derechos humanos personales, políticos, colectivos, culturales y ambientales.
“Factible”: la estrategia debe considerar la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y
subjetivas, en un espacio y periodo dados, para evitar el fracaso producto de un voluntarismo
basado en premisas falsas, pero, al mismo tiempo, un plan de acciones para trocar tal
correlación y condiciones en favorables. -